¿Cómo le rompes el corazón a alguien? ¿Cómo le haces creer que todo esta bien, que todo es cómo cree o como quiere creer? ¿Cómo ilusionas a alguien? ¿Cómo y cuánto eres capaz de mentirle alguien? ¿Cuánto eres capaz de hacerla llorar? Sin pensarlo, siendo egoísta, sin querer serlo, estando lejos y alejarla más y más; casi tanto como un barco que zarpa hacia el mar, hasta que desaparece en el horizonte.
¿Cuántos mares puedes formar? ¿Cuántas lagunas mentales puedes tener? ¿Cuánto quieres olvidar? ¿Cuánto quieres desparecer? ¿Cuánto quieres querer? ¿Cuánto te hacen querer? ¿Cuánto te obligan a amar?…¿te obligan a amar? o es que por cosas que tu creíste, que te parecieron, que te sedujeron, que pensaste ¡que simplemente pensaste!
Tu aquí y yo, allá siempre lo he dicho; pero ésta vez ya no estás allá…simplemente y para variar no estás y ya me cansé de esperar, yo tampoco estaré.
Seré grosera. Se me borró la raya, se me desapareció y no la recuperaré hasta que no vengas y darme cuenta que todo no era nada y que mi nada es mi nuevo todo.
¿Cuántas flores siembras por alguien? ¿Cuánto maíz cosechas por alguien? ¿Cuánto cereal y cuánta leche eres capaz de servir?, para poder amanecer todos los días con algo de alimento, un alimento que sea como el amor, tan grande, tan extenso. Obviamente no el que siembras tú.
¿Cuánto? , ¿Cuánto? , ¿Cuánto eres capaz de crecer? ¿Cuánto eres capaz de reinventarte? ¿Cómo haces crecer las flores? ¿Cómo haces que palpite el corazón? ¿Cómo haces que vuelen las mariposas? ¿Cómo te enamoras de alguien, si no tienes corazón?
Ésta no es la primera vez que escribo de este modo; la gran diferencia es que ésta vez he decidido publicar algo que ha nacido de mis ojos porque hoy, al igual que muchos, no es el día más feliz de mi vida. Me encuentro como lo que me sucede cada tres años, mis golondrinas se escapan, vuelan; es que emigran y como todo en esta vida cumplen su ciclo. Mueren y no tengo nada mas que golondrinas muertas, grises y tristes -no sé si más ellas o más yo-
Me he dado cuenta que el lazo que tienen amarrado a las patas -lazo tejido de mis propias palabras e ilusiones- acaban por darles mucha libertad. Se acercan al sol, como Ícaro y se les queman las alas.
