¿Alguna vez haz sentido esto que siento? Esto que me recorre, que me invade, que me posee, que se me mete -No eres tú, por si acaso- Eso que me empuja, que me influye, que me bota, que me delata, que me encanta.
Me muero de frío, y a estas alturas siento que te extraño tanto, que cualquier olor me recuerda a ti y a tu cuello y a tu ropa y a tus cigarros.
Me muero de frío, y lo único que me llena de calor, son las ráfagas apasionadas de querer escribir; eso y tus besos –de cajón tus manos-
Soy atrevida lo sé, soy loca también.
Estoy sofocada de tanto pensarte y darme cuenta que antes, hoy y siempre, me muero por ti.
Debe ser que tengo tanto, pero tanto sueño, que no duermo. Creo que jamás alcanzaría a satisfacerlo, aun así durmiendo…mil días. Los mil días claro. Pero sin ti, por eso no duermo. Sigo en la espera de dormir contigo, de olfatearte en la mañana con algún instinto protector, como de mamá perrita que oletea bruscamente a sus cachorros.
Pero pensándolo bien, no solo quiero dormir. Quiero dormirte, quiero doparte, quiero pepearte, para que jamás te vayas, para que jamás me dejes.
Soy como un ser sin ojos, sin oídos, sin gusto, sin tacto, sólo con olfato. Aunque apuesto que puedo tener solo uno de mis 5 sentidos y aun así, reconocerte. Soy una cronicuchera exiliada de la tierra de nunca jamás. Nunca jamás seré cuerda, seré muerta, seré seca, seré realista.
Creo que puedo amar todo -más aun de lo que ya lo hago- escribiendo y tratando de que cada línea te enamore, los enamore a todos.
Escribo con el afán de contentar a muchos, de satisfacer mentes y con el propósito de venderme. Por que me siento como la carne o como la presa de pollo que nadie quiere en el mercado. La rabadilla.
Al mismo tiempo intento deshacerme de todos estos traumas, de todas estas pesadillas, estos fantasmas y no intentar nada. Quedarme en medio de la piscina, solo flotando.
Pienso sin embargo -Aun así no empleando el cerebro para escribir- Que si me lees es por algo. Por que te dio curiosidad o simplemente te dio ganas de leer algo malo para poder vomitar. Pero si lo que escribo no existiera, no te imaginaria en la realidad de mis hojas. Haciéndote totalmente a mi antojo y a mi voluntad. Poniéndote de cabeza solo por gusto, por que te puedo describir igual, de la única forma que sé. De memoria.
Me siento omnipotente sobre las hojas, sobre los lapiceros, sobre ti cuando escribo. Omnipotente en cuatro paredes. Dominando a las cosas a mi alrededor y a la radio. Suponiendo que se volcaran contra mi en una rebelión alucinada.
Pero termina mi tiempo a solas y ya no domino.
Pido a gritos un asilo político en tu cuerpo y en tu mente. Tramito mis papeles en la legalidad de tus ojos. Con 2 pares de ubres de testigos. Con mi palabra bajo juramento. Con la locura de mis pensamiento y de mi “yo”. Y con sobre todo, el amor que te tengo.