sábado, 19 de diciembre de 2009

¿Cultura de incomprendidos?

A menudo, cada uno de nosotros, se ha referido así mismo como: INCOMPRENDIDO. Ya sea, porque te castigan antes de un quinceañero, porque no te dan dinero antes de irte a la disco o porque un profesor te califica de la forma que no crees que debería ser o sea te parece injusta la nota.
“Justicia”, esa es la palabra que a menudo mencionamos. Lo justo. “Lo justo pe varón” reflexionemos…
Según creo, la justicia es subjetiva; por ejemplo: a tu papá –para ti, que eres mujer- le parece justo que no tengas enamorado, ya que eres muy niña para esas cosas. Lógicamente, a ti no te parece nada justo, que tu papá, no te deje tener enamorado. De hecho, te hierve la sangre y te pones iracunda por la aparente injusticia.
Digo “aparente injusticia”, porque, ¿quién sabe, qué es lo justo para cada caso y para cada quien?
Un ejemplo más real. Si un vil ladrón, te arrebata, te roba, te hurta, te despoja; de tu mp3 o tu celular -ese querido aparato, que te acompaña durante tus clases más aburridas y sobre todo, en el extenso tiempo que pasas estudiando, -porque, sí estudias ¿verdad?- .Tú lo quieres ahorcar, tirar al piso, revolcar, cogotear, hacerle unas cuantas llaves y que por su santa madrecita o por la sarita, nunca más, se le acurra quitarte algo tan querido como tu mp3 o tu celular.
Menos, cuando estas hablando por celular, el último chisme de la facultad o estas coordinando- como es debido- el trabajo grupal que tienes que presentar ante el profesor más paciente de todos. Éste caso, definitivamente, te resulta demasiado injusto. ¡Maldito! le gritas de lejos, porque no te atreves a correr.
Pero ni llamar a un policía, porque a él, no le va parecer justo, quedarse sin la coima de la combi que acaba de parar; por ir a perseguir al ladrón de tu mp3, que está lejos, que ya se cambio de ropa y que además, no va a poder alcanzar al que te robo. Le pesa la panza para correr por un mp3 cualquiera.

Que injusto o que justo; como dijo Albert Einstein “...todo es relativo.”
No te queda más que aguantar la injusticia, porque en todo el mundo es igual. Te chotean, te rechazan, te discriminan, porque eres negro, porque eres blanco y porque eres mestizo también. Porque eres homosexual, lesbiana o bisexual y porque eres heterosexual también. Porque eres rasta o porque eres nerd, porque escuchas reggaetón o porque bailas salsa -y el que se sienta a tu costado no baila ni trompo-.
Todos somos injustos para otros, pero justos para nosotros en algún momento. A nadie le parece justo lo que a otro sí. Entonces, se estoico muchacho, muchacha.
En el fondo te gusta ser incomprendido, la sociedad te hace ser incomprendido, te gusta corear la canción de D’Onofrio sobre incomprendidos –es mas, te sabes la letra-, te gusta vivir resentido con todos y reclamar por cualquier cosa. Desde lo que tengas más sentido, hasta lo más ridículo que se te pueda ocurrir-“¡oye! medio es 0.80- Ya pues, te dije guaraná helada- ¿por qué no me dejaste ver tu hoja?, quería comparar. No comprendes que ayer no pude estudiar. Todos me hablaban en el Messenger- ¡mamá! mi calzoncillo está rosado, ¿por qué me haces esto a mi?”
Y es que nos gusta ser víctimas en alguna oportunidad; es parte de la edad, es parte de crecer, es parte de ser joven y sobre todo, es parte de ti y de mí, el sentir algo de orgullo cuando te autoproclamas: INCOMPRENDIDO.
“Quiero volar por los aires, ver el mundo desde allá. Yo no soy un cobarde, voy a luchar por mi ideal”. Con cariño para ti, querido incomprendido.

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