sábado, 19 de diciembre de 2009

Otra mañana


Con el cuerpo meloso y con los ojos aun cerrados; escucho el despertador programado en mi celular como un eco lejano, como un ruido molestoso que quiero ignorar.
Es demasiado temprano aun. Las sábanas están impresas en mis pechos, mis manos aun dobladas abrazando firmemente la almohada, quizá al dormir tuve algún sueño profundo, que posteriormente ocurrirá como es de costumbre.
Con los pies descalzos, el pantalón a media nalga y el polo pegado a la cintura, me paro sin fuerzas. El ruido molesto del celular, me hizo levantar al fin de cuentas. Claro, además de escuchar el clásico “van a llegar tarde” de mi madre.
Sin pensar más en su voz de pito, paso por la sala; la ventana está abierta. Siento frio. Se eriza mi piel, se entumece mi espalda, se ponen firmes mis pezones y corro hacia la ducha.
Me espera mi toalla. Me despojo de mi indumentaria, primero el polo luego el pantalón y medias (aunque es verano, no puedo dormir sin ellas, las consecuencias serian amanecer con cierta afonía en la voz…) finalizando mi trusa.
El jabón se desliza, el agua me acaricia lentamente el cuerpo y evita que me despoje del calor. El vapor que desprende mi cuerpo perezoso simula la energía que emana una llama y me envuelve suavemente -además de empañar todo lo que a su paso arrasa-
Casi sin vergüenza abro la cortina y sale a la luz mi cuerpo desnudo. Sin pudor me miro en el espejo, me acomodo el cabello, lo peino con suavidad, sacudo la cabeza y me siento más despierta. Me cubro con la toalla para evitar el frio o un malestar posterior. Camino lentamente, cojo mis lentes y los ubico cerca de mis ojos entonces se nublan. Los doblo y al haber fallado en mi intento por ver más nítido, los acomodo junto a la toalla, entre mis pechos frescos…

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