jueves, 25 de febrero de 2010

Negro



Negro profundo, casi tanto como tus ojos,
casi tanto como la noche de Lima.
Tan profundo como lo que veo.

Recorro el poco brillo que nace de mi cabello,
 el que te guía,
el que te conduce hacia donde sólo tus pecas ven;
 hacia donde nuestros lunares se reconocen.

Oscurece aun más, un poco más y otra vez ya no te veo,
ya no hablo, ya no siento vida,
 sólo siento miedo. Haz desaparecido.

No he podido leer las cuatro letras que describen tu alma,
siento que están vacías, siento tantas cosas.
Siento todo con miedo.

Me lamento. No me quiero despegar de la realidad,
sigo pensando que te veo cuando solo veo un color.
Entonces me doy cuenta, respiraste en mi oreja.

Reconozco tu cara con mis inútiles manos,
escucho que has encendido la luz.
Me desespero, ¡no veo!

Sigue en negro todo, en negro.
Mis manos húmedas y mi aliento agitado describen la escena irreal…
¡Me he arrancado los ojos de la impotencia de no verte llegar!

sábado, 23 de enero de 2010

Rosado


Conejos, cientos de conejos rosados dando saltos sobre mi cabeza. Alborotándola, despeinándola, enredándola, moliéndola. No sé donde esta mi boca, ni mis ojos, ni si quiera mi nariz.

Siento como mis sueños me hacen descubrir mis miedos, como danzan para mí los espectros oscuros y desnudos para hacerme sentir cerca de la muerte, muy cerca de morir.

Los golpes continúan martillándome la cabeza, haciendo más difícil pensar y como se me ha perdido la nariz, se me hace más difícil respirar y mucho más hablar, hablar contigo.

Todo se complica, legiones de lindos conejos obstruyen el paso de mi razón de mi coherencia de mi paz.

Las pesadillas regresan una y una vez. No lo sabes, no preguntas, no quiero que lo hagas. Me asfixian tus pequeñas patas de conejo rosado.

Un par de golpes más y soltaras algún reclamo. Seguro que me dirás, que me importa más escribir estúpidamente unas estúpidas líneas tan metafóricas que solo mi tonto cerebro comprenderá y que mi estúpida mano tan torpe, dibujará al escucharte gritar lo mala que soy porque soy yo y no otra más.

Tus dientes han carcomido lo suficiente mi frente, ahora, tus pezuñas rosadas chocan directamente con la poca masa gris que consideras que tengo. Se llenan de sangre tus patitas, se vuelven rojas, rojas como mi nariz cuando lloro.

Hago puchero y la gravedad empuja mis lágrimas hacia la cama en la que duermo, en la que creo descansar. El único lugar donde pensé que estaba segura hasta que comencé a tener pesadillas, ahora nada es seguro. El eco de lo negativo rodea todo.

Acabo de encontrar mis ojos, pero ha sido demasiado tarde. Se han inundado tanto, que puedo llenar mis manos, con tanta agua salina que expiden mis dos óvalos blancos con marrón. Esos óvalos que dicen todo y hablan o gritan, lo que mi boca se demora en decir o no dice.

Vuelven los conejos rosados. Les pido tregua. Mi nariz quiere parar. Todo se pone rosa, rosado, aunque no me gusta. Y no cambia porque aparece algún “tu”, sino porque la música ha invadido el mar de letras que tenía en la cabeza, los ha ordenado y lo he entendido.

Sufro de nuevo, pero con algo de satisfacción. Vuelvo a escribir a pesar de que no te guste, sigo siendo yo. La misma que muere por un lapicero y un papel, cuando no puede ver ni sus manos.

Burbujas en el mar

Manos sumergidas en una hendidura tan, pero tan profunda, que se han perdido. Lentamente, he intentado desprenderme de la fuerza con la que me atrae. Pero no puedo.

El mar embravecido inunda los orificios de mi cara y no me deja respirar, ni ver y mucho menos, escuchar.
Por fin, desatoro mis manos, del agujero profundo y puntiagudo en el que estuvieron atrapadas. Mi piel se desgarra. Siento, cómo la más filuda punta que tiene esa maldita roca, se osa a tocar a piel.

Entonces, después de alzar la cabeza tras la última ola que sumergió mi cuerpo y lleno de burbujas mis oídos; corre una corriente caliente que se desliza rápidamente por mi pantorrilla.

Caigo rendida en la arena. La aceleración de mis latidos, la falta de oxigeno, la nulidad con la que escucho los gritos lejanos de lamento y desesperación de mi mamá, hacen cada vez más lejana la fe esta vida.
Un susto, sólo un susto. Abro los ojos pero los vuelvo a cerrar. La salinidad del mar incinera mis ojos. Me arden, siento que el fuego está en ellos. Me toco la cara. Gracias al cielo todo está en su sitio. Mis oídos, mi boca y mi nariz, no pudieron ser removidos por la fuerza ni la braveza ni la furia, con la que el mar se ensañó conmigo.
Sólo entonces, cuando descubro que estoy viva. Me siento lentamente y una línea de rojo intenso, cubre parte de mi pierna.

Toco la herida. Las yemas de mis dedos sentían la perfección de lo afilada que estaba la roca. El corte fue perfecto. Pero el final de la carne viva y roja, muy roja, se rasgó como el papel.

Mis dedos se deslizaban en la hendidura como cuando se suele tocar la plastilina, con tanta libertad que me asustaba la profundidad del corte.
Mis manos rojas al fin, hicieron que mi cuerpo reaccionara ante el suceso de mi casi muerte.
Sentí lo que aún desgarraba mi piel. La última esquirla de peña que me atacó en el mar.


martes, 29 de diciembre de 2009

Sabor a nada

Eran las 12 en punto de la noche. El carro, auto, vehículo, en el que me transportaba, iba a gran velocidad. Extrañamente, ya había llegado a mi casa en menos de 30 minutos.
Para entonces, mi reloj marcaba las 12:15. Lo que me parecía bastante extraño, no pensé, no pensaba en ese momento.
Mi cabeza y mis sentidos, se encontraban encerrados en un lugar tan lejano y remoto que ni yo, la propia dueña, los podía hallar, ni si quiera percibir.
Minutos previos a las 12, también había sentido su ausencia. Se habían esfumado. Yo estaba físicamente caminando en la calle pero mi “yo interior”, el que supuestamente es espiritual, se había ausentado -digamos que por varias milésimas de segundo-
25 de diciembre de 2009, un gran día para salir a pasear. Cuando todo esta el 50% más que en fechas comunes, en realidad no era eso lo que me causaba la desconexión conmigo misma, era, no sé, hasta ahora ni escribiendo lo sé…
Ningún deja vú esa noche, excepto el momento en el que camine sola mirando las flores. Había estado esperando que llegue, iba con algo de retraso, 20 minutos dijo, para ser exacta.
Nos divertimos un rato y bueno, pagué algo que antes no era obligación, ni menos una apuesta. Era como me gustaba describirlo, una dádiva. Algo que no se pide, se recibe. Intentamos en 3 oportunidades. Yo tenía que cumplir, era el trato -aunque hubiera deseado no negociar un beso, eso no se negocia-
En el último intento, en una banca de cemento, en plena avenida y con poco transito (de personas y de autos), nos volvimos a besar -la tercera la vencida- sin embargo, no fue así. Me detuve, me separé…
Lo único que pasaba por mi mente era, no tu boca, no la mía, ni si quiera que aliento tenia. Era quien nos vería, si alguien me reconocería, si pasaría alguien conocido, que diría la gente, se vería mi lunar en esa posición.
Ya no quería provocarte. Sentí como mordiste mi labio superior, también sentí como, yo, por inercia, movía mis labios y sentía como chocaban nuestras bocas, abriéndose y cerrándose lentamente. ¡¿Donde estaban las mariposas?! ¡¿Donde estaban las chispas?!, ¡¿donde estaba el…el…el… ¡¿amor?!.
Mi transporte se acerco, el semáforo en rojo, ya tenia que irme. Eran casi las 12 y “cenicienta” o sea “yo”, ya había perdido el toque -desde ese momento o antes, no lo se. Ágilmente monte el vehículo y me fui. Yo no pensé si quiera en voltear, en despedirme como lo hace la gente enamorada.
Enamorada. Esa palabra ahora me quedaba enorme, enorme. En el camino hacia mi casa, la única palabra que podía repetir mentalmente era, no me supo a nada, me siento vacía, vacía, vacía, vacía. Eso causo que yo me sintiera confundida. No podía creerlo, días atrás me sentía enamorada, exactamente 2 meses atrás, me sentía como un globo lleno de helio. Ahora un simple beso, era eso y no me sabía a nada tu beso, a nada.
Me preguntaba porque había matado todo…había olvidado el sentirte. Pensaba como paso, no llore mas desde que supe todo, no sentí mas desde que me entere, no te quise besar -no tenia ganas- desde la ultima vez en que me rehusé, no te extrañe mas, desde la ultima vez que yo te llame.
No recordaba como besabas, era una extraña besándote y cuando me mordiste, me pregunte aun más, quien eras, me mordías antes o lo aprendiste mientras me mentías, mientras finjáis, mientras yo pensaba que me querías.
Siempre me había desesperado por un beso tuyo, siempre le había puesto algo de pasión, siempre había sentido mariposas, siempre tu…siempre tu.
Ahora entiendo como te sentías. Ese pudor por tocarme en frente de todos, ese malestar, esos besos cortos, esos deseos de verme poco; eran porque te sentías como yo me siento ahora, vacía, al tenerte a mi lado.
Es horrible dejar de querer a alguien. Jamás me había pasado. Quería ponerle a mi beso más sabor. Iba ser inútil, sabia que no, que tus sentimientos no habían cambiado desde que nos despedimos de la relación, eso creía saber. Nunca supe que sentías tú y nunca entenderé el motivo de tus limitaciones para querer y para hablar.

sábado, 19 de diciembre de 2009

Otra mañana


Con el cuerpo meloso y con los ojos aun cerrados; escucho el despertador programado en mi celular como un eco lejano, como un ruido molestoso que quiero ignorar.
Es demasiado temprano aun. Las sábanas están impresas en mis pechos, mis manos aun dobladas abrazando firmemente la almohada, quizá al dormir tuve algún sueño profundo, que posteriormente ocurrirá como es de costumbre.
Con los pies descalzos, el pantalón a media nalga y el polo pegado a la cintura, me paro sin fuerzas. El ruido molesto del celular, me hizo levantar al fin de cuentas. Claro, además de escuchar el clásico “van a llegar tarde” de mi madre.
Sin pensar más en su voz de pito, paso por la sala; la ventana está abierta. Siento frio. Se eriza mi piel, se entumece mi espalda, se ponen firmes mis pezones y corro hacia la ducha.
Me espera mi toalla. Me despojo de mi indumentaria, primero el polo luego el pantalón y medias (aunque es verano, no puedo dormir sin ellas, las consecuencias serian amanecer con cierta afonía en la voz…) finalizando mi trusa.
El jabón se desliza, el agua me acaricia lentamente el cuerpo y evita que me despoje del calor. El vapor que desprende mi cuerpo perezoso simula la energía que emana una llama y me envuelve suavemente -además de empañar todo lo que a su paso arrasa-
Casi sin vergüenza abro la cortina y sale a la luz mi cuerpo desnudo. Sin pudor me miro en el espejo, me acomodo el cabello, lo peino con suavidad, sacudo la cabeza y me siento más despierta. Me cubro con la toalla para evitar el frio o un malestar posterior. Camino lentamente, cojo mis lentes y los ubico cerca de mis ojos entonces se nublan. Los doblo y al haber fallado en mi intento por ver más nítido, los acomodo junto a la toalla, entre mis pechos frescos…

Mi velador

Hay mucha neblina, casi ni te veo, en las profundidades del camino no te he podido encontrar sin embargo, no me doy por vencida. Siento que en algún momento, ojala que no sea al final del camino, casi donde no se ve el horizonte, te encuentre; por ahí vagando al igual que yo, buscándote. A pesar de todo he dado vueltas, a pesar del frio a pesar del viento a pesar de lo que siento; eso que no me deja avanzar que hace que permanezca por momentos estancada, como meditando como tratando de descifrar algo que no se ha logrado o algo que yo no he logrado, que es descifrarte a ti. Creo que es complicado o me complico yo al pensar o te complicas tu al responder y no se desvanece la densa neblina entre nosotros…trémula de tanto frio y mojada por tanta humedad en el ambiente no me relajo pero si me arrullo en algún recuerdo vago de tu voz o en algún memorable momento que pasamos en compañía de nuestros ojos. Oscurece supongo por que he pasado demasiado tiempo parada o quizás me he agotado de una forma inexplicable creo que de ansiedad de tanto esperar que vengas que la niebla se disipe y seas algo así o algo mas que sombras que siento que van a atravesar el centro del punto en el que miro, ese muro al frente de mi frente, que me inquieta pero que no toco no se si por miedo.
Se me entumecen las manos, los brazos, el torso y poco a poco el gélido viento congela mis piernas y termina en recorrido en mis pies a pesar de ser una sensación no muy agradable, el sentimiento que me produce es tan igual o similar al que sentí la primera ves que posaste tus delicadas manos sobre mi piel; a menudo escribo para ti y para mi y para quien desee leer, como en clave para que siempre haya ese sentimiento de complicidad que pretendí que siempre nos acompañara sin embargo a pesar de mis grandes esfuerzos y luego de mis vagos intentos no lo conseguí, las cosas se desintegraron se cayeron poco a poco se desmoronaron sin que alguna parte de mi cuerpo los pudiera sostener ni siquiera los brazos que tanto amas.
Hay algo similar en todo esto como la mayoría de veces yo aquí tu allá sin poder tener un contacto que no sea mas allá del de intercambiar un hola que para variar hace eco en lo que se supone que es la distancia que nos separa. las analogía que he empleado para describir ese nexo raro que nos unió mil y un veces y nos separo las mismas, se puede describir de muchísimas formas te comparo con algo frio y distante y en ciertos momentos como un geircerg que explota de calor entre tanto frio, y traspasa el hielo que se había formado mientras esperaba que te animaras a hacer algo, lo que sea: a mirarme y felicitaciones si me tocabas, como un juego extraño el puntaje mayor esta en lo profundo de mi ser donde te pido que estés te quedes permanezcas te muevas entres con fuerza y no salgas, mi corazón que se supone que seria, además de compartir un sentimiento compartimos la comida, la bebida , ciertas prendas, horas de estudio, un jabón, una toalla de manos, una manta una sabana una almohada y un par de veces y afortunadamente la cama.
Se ha disipado la neblina pero no te he visto será que ya te cansaste de estar parado ahí al frente buscando entre sombras que no hay (el calor no es lo único que causa alucinaciones, la ansiedad también) y escuchando ecos inexistentes y recordando cosa que no vivimos y alucinado en la cama que no compartimos. Se ha disipado la neblina y por fin desperté. Giro la cabeza lentamente como queriendo despegarme de las mantas que no compartimos y de las sabanas que nunca se nos pegaron y estirándome del entumecimiento de toda la noche, para darme cuenta que simplemente estirando mi mano, te alcanzo, por que tus cenizas están en mi velador…

¿Cultura de incomprendidos?

A menudo, cada uno de nosotros, se ha referido así mismo como: INCOMPRENDIDO. Ya sea, porque te castigan antes de un quinceañero, porque no te dan dinero antes de irte a la disco o porque un profesor te califica de la forma que no crees que debería ser o sea te parece injusta la nota.
“Justicia”, esa es la palabra que a menudo mencionamos. Lo justo. “Lo justo pe varón” reflexionemos…
Según creo, la justicia es subjetiva; por ejemplo: a tu papá –para ti, que eres mujer- le parece justo que no tengas enamorado, ya que eres muy niña para esas cosas. Lógicamente, a ti no te parece nada justo, que tu papá, no te deje tener enamorado. De hecho, te hierve la sangre y te pones iracunda por la aparente injusticia.
Digo “aparente injusticia”, porque, ¿quién sabe, qué es lo justo para cada caso y para cada quien?
Un ejemplo más real. Si un vil ladrón, te arrebata, te roba, te hurta, te despoja; de tu mp3 o tu celular -ese querido aparato, que te acompaña durante tus clases más aburridas y sobre todo, en el extenso tiempo que pasas estudiando, -porque, sí estudias ¿verdad?- .Tú lo quieres ahorcar, tirar al piso, revolcar, cogotear, hacerle unas cuantas llaves y que por su santa madrecita o por la sarita, nunca más, se le acurra quitarte algo tan querido como tu mp3 o tu celular.
Menos, cuando estas hablando por celular, el último chisme de la facultad o estas coordinando- como es debido- el trabajo grupal que tienes que presentar ante el profesor más paciente de todos. Éste caso, definitivamente, te resulta demasiado injusto. ¡Maldito! le gritas de lejos, porque no te atreves a correr.
Pero ni llamar a un policía, porque a él, no le va parecer justo, quedarse sin la coima de la combi que acaba de parar; por ir a perseguir al ladrón de tu mp3, que está lejos, que ya se cambio de ropa y que además, no va a poder alcanzar al que te robo. Le pesa la panza para correr por un mp3 cualquiera.

Que injusto o que justo; como dijo Albert Einstein “...todo es relativo.”
No te queda más que aguantar la injusticia, porque en todo el mundo es igual. Te chotean, te rechazan, te discriminan, porque eres negro, porque eres blanco y porque eres mestizo también. Porque eres homosexual, lesbiana o bisexual y porque eres heterosexual también. Porque eres rasta o porque eres nerd, porque escuchas reggaetón o porque bailas salsa -y el que se sienta a tu costado no baila ni trompo-.
Todos somos injustos para otros, pero justos para nosotros en algún momento. A nadie le parece justo lo que a otro sí. Entonces, se estoico muchacho, muchacha.
En el fondo te gusta ser incomprendido, la sociedad te hace ser incomprendido, te gusta corear la canción de D’Onofrio sobre incomprendidos –es mas, te sabes la letra-, te gusta vivir resentido con todos y reclamar por cualquier cosa. Desde lo que tengas más sentido, hasta lo más ridículo que se te pueda ocurrir-“¡oye! medio es 0.80- Ya pues, te dije guaraná helada- ¿por qué no me dejaste ver tu hoja?, quería comparar. No comprendes que ayer no pude estudiar. Todos me hablaban en el Messenger- ¡mamá! mi calzoncillo está rosado, ¿por qué me haces esto a mi?”
Y es que nos gusta ser víctimas en alguna oportunidad; es parte de la edad, es parte de crecer, es parte de ser joven y sobre todo, es parte de ti y de mí, el sentir algo de orgullo cuando te autoproclamas: INCOMPRENDIDO.
“Quiero volar por los aires, ver el mundo desde allá. Yo no soy un cobarde, voy a luchar por mi ideal”. Con cariño para ti, querido incomprendido.